lunes, 13 de mayo de 2013

MADRE


|A mi madre. 
A todas las madres. 
|
Su cabello,
blondo y cano,
ya no tiene
el brillo especial de otrora
solo la luz eterna
que refleja en nosotros su grandeza.

Su boca cansada
muerde parsimoniosa y sabia
las dulces palabras.

Sus ojos están aguados,
ya sin luz,
se han quedado
con las figuras y formas de antaño,
ya no vislumbra mis canas y arrugas.

Lo intenta al tacto,
con las manos temblorosas y ajadas,
que au'n destilan deliciosa miel
cuando acarician.

Se ve en sus labios
la sonrisa de encaje
que tiene un dejo de tristeza;
la añoranza por los ausentes
le dibuja un rictus de amargura
escondido
en la comisura de los labios.

Madre,
tu que siempre estas dispuesta
a alejar nuestras tristezas.
Tú,
que con abnegación y entrega
llenas de ternura cada rincón
cada espacio en nuestras vidas
sin importar la artera distancia,
sin importar el implacable tiempo.

Madre,
tu que haces tangible, hermoso
y divino to lo que tocas.

Madre,
tu que te yergues en la tempestad
para protegernos
con tu adorable manto de bondad.

Madre,
tu que siempre estas presente
es tanto lo que significas,
es tanto lo que representas,
es tanto lo que dignificas,
es tanto lo que magnificas,
que estas humildes letras,
aunque quisieran dibujarte,
son insignificantes
ante la majestuosidad de tu estatura.

ROLANDO BLANCO PASCUAL

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