miércoles, 8 de mayo de 2013

EN EL MUSEO


Un día en el Museo del Prado bellos cuadros contemplé
de artistas de inmensa fama capaces de pintar sueños
con gran sorpresa admirando todo lo que imaginé
y a cada obra que veía yo me iba haciendo pequeño. 

Bodegones y paisajes, personas al natural
y naturalezas muertas que parecían estar vivas
por el toque del artista que así las supo captar.
Parecía que las figuras de pronto te iban a hablar.

Fue un día maravilloso, ¡nunca lo podré olvidar!
Y seguí empequeñeciendo ante tanto arte genial
ya me intuía pequeñito comparando tal belleza
con mi tamaño, me veía, como una gota en el mar.

A la hora de salir fueron cerrando las puertas
y como era pequeñito nadie me vino a avisar,
pero no llegué a temer por situación tan incierta,
ya habría salido todo el mundo del museo, pero, 
no me iba a quedar allí, ni para dormir la siesta.

Pues yo ya era diminuto y me armé de valentía
sin tener miedo al peligro yendo a cara descubierta
hacia el único lugar por el que pasar podía,
una ínfima rendija que había debajo de la puerta.

Antonio Jurado (España)

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