sábado, 11 de mayo de 2013

EL CAOS NO ROMPE LAS REGLAS; LAS RECOMPONE


1916 la ciudad de Zurich se convierte en el escenario ideal para que  artistas de diferentes partes del mundo se den cita en la vida nocturna de tan mágica ciudad. En este ambiente bohemio surge el movimiento DADA que se presenta como una ideología total, como una forma de vivir y como un rechazo absoluto de toda tradición o esquema anterior. El termino Dadá tiene un origen muy controvertido, pero de acuerdo con la versión de Tzara y Ball el termino Dadá surge de la casualidad, lo encontraron, casualmente, Ball y Huelsenbeck abriendo las páginas de un diccionario con la ayuda de un cuchillo, la palabra señalada fue Dadá, que venía a significar: “El primer sonido que dice el niño expresa el primitivismo, el empezar desde cero, lo que nuestro arte tiene de nuevo”.
Lo cierto es que  Dadá luchó contra la belleza eterna, contra la eternidad de los principios, contra las leyes de la lógica, contra la inmovilidad del pensamiento, contra la pureza de los conceptos abstractos y contra lo universal en general. Propugnó el cambio, la desenfrenada libertad del individuo, la espontaneidad, lo inmediato, actual y aleatorio, la crónica contra la intemporalidad, la contradicción, el no donde los demás dicen sí y el sí donde los demás dicen no; defiende el caos contra el orden y la imperfección contra la perfección. Dadá niega la razón, el sentido, la construcción del consciente, esta en la continua invención de su propia existencia, ninguna esclavitud puede ser admitida, ni siquiera la esclavitud de Dadá sobre Dadá por ello en cada momento, para vivir, Dadá debe destruir a Dadá.  Sus formas expresivas son el gesto, el escándalo, la provocación. Para Dadá la poesía está en la acción y las fronteras entre arte y vida deben ser abolidas.
Pero no es tan loco ni tan ilógico como parece pues la aportación permanente del dadaísmo al arte moderno es el cuestionamiento continuo de qué sea el arte o qué sea la poesía; la conciencia de que todo es una convención que puede ser cuestionada que por tanto no hay reglas fijas y eternas que legitimen de manera histórica lo artístico. Gran parte de lo que el arte actual tiene de provocación viene de Dadá.
Este movimiento artístico es como decía al principio una filosofía de vida, un ideal ético y estético que su el poeta Tristan Tzara, supo plasmar con genialidad en el Manifiesto DADA. Este movimiento nos legó una magnifica enseñanza: El caos no rompe las reglas; las recompone una y otra vez. Es un camino para reelaborar conceptos y explotar nuevas ideas, para encontrarnos a nosotros mismos.
                                                                                                           
Maydoll Morales Pérez

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