Ante mi una vasta idea,
un sueño, una quimera.
En ella he visto, fin y propósito;
inspiración y deseo… ¡vida en poesía!
Era un jinete absorto en el sol,
un joven, un amante cegado,
de soberana visión.
Orgulloso de sus arrolladoras pasiones.
¡Perdóname, amada mía!
Déjame ser tu coro.
¡Oh, sinfonía clara!
Diluidas notas te bañan.
¿Acaso pensaste que anidaba en mí el traidor?
Vi tus hambrientos labios en la oscuridad,
horrenda advertencia muy abierta
con amenazas de inimaginables formas.
¿Por qué te apuras ante mi presencia,
si la luna brilla hasta el cansancio,
y a lomos de mi caballo has subido?
Labios de alegría barbotean hacia ti.
¿Qué es lo que puedo hacer,
con estribos, silla o riendas?
¿Desbocar mi amor contigo,
y nunca, nunca… olvides este ardor?
Te elevaré a la cresta
de la más alta montaña,
y muy cerca del viejo espino,
vistas maravillosas llenas de frescor.
Todos los colores hermosos,
de los cielos y las tierras,
allí podrás gozar.
Tejidos por mantos de almas.
Ranúnculos, tan queridos por los ojos,
tan intensos en sus tintes bermejos.
Verde oliva y escarlatas brillantes
y el abovedado celeste cubierto de luces.
Qué más puedo ofrecerte,
que supere tan primorosos sentidos,
y todo mi amor envuelto en ellos,
con mis pasiones florecidas.
Allí junto al espino esperaré
el llegar del anhelo mío;
contestación de tu corazón quieto,
que por claro y sincero…
¡Es tinte de tumba vacía!
Ana M. Lorenzo - Del Libro "Amarrada a Lunas"-
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