La belleza
de la altura
es verde.
Aquí abajo entre nosotros,
entre la maraña bella,
de las ramas y las flores,
hay un verde expandido
que nos dice:
"No arranques la flor
que es mía
y debe ser
perpetua".
(Aves escondidas
están entre lo verde.
Levantan su vuelo.
Y nos miran
con su mirada verde)
-¿Quién nos mira, amor?
Afuera la ciudad
es del polvo, del óxido
y de los ruidos.
-Quedemos aquí -
Abrazaremos
el nido verde,
el aire extendido
de la bruma verde,
al árbol que se extiende,
releamos la página verde,
admiremos la gota verde
deslizarse por entre
las ramas...
Tú amada arrancas
una rama
la colocas
entre tus ojos, tu frente
y entre tus labios.
-Tú - La amada entre
lo verde.
Entre los árboles
veo la sombra verde,
el camino de tierra,
veo nuestras siluetas
entre el contorno
del paisaje.
-Me miras ansiosa
de más viaje,
entonces ocurre
un último momento
verde.
La gota verde,
la balada verde entre
nosotros se desvanece.
Se cierra la página verde.
-Tenemos que irnos-
-Ya nada queda-
-Tenemos que irnos,
amada mía,
continuar con el ciclo
del regreso.
Verás mañana
naceremos de nuevo,
volveremos,
y viviremos
entre lo verde.
Me dices: - Saúl, tu eres el
poeta.
Te digo: - Amada, tú eres
la inspiración.
(Frenética estás entre mis
manos atadas.)
Mientras no nos queda
más que vivir entre
el polvo, el cemento,
el ruido, el smog,
y todo lo grisáceo.
Mientras viviremos
en la ciudad,
dulce amada mía
y entre los hombres.
Saul Ponzio Ibieta -México-
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