Te entrego todo mi ser
no hay soberbia, sino humildad
el corazón solo quiere brillar
en la entrega del amor.
Te ruego no me desampares
en esta senda del aislamiento
que me ha tocado recorrer.
El regalo otorgado
ha sido inmenso
desbordante de anhelos
cuidados en el tiempo.
¡no me desampares
por piedad!
Que difícil es tener
sublime presente
que se resguarda por temor
al terrible sufrimiento
por no ser acogido
por miedo que lacera
sin darle su verdadera nobleza.
Amores que vagan por el mundo
escondiéndose en la profundidad
para evitar la inmundicia
de un mal querer.
Venturosa aquella alma
que transita por la vida
danzando en el sosiego
de un buen cariño
soñando, apreciando, entregando
sin temor al tormento
de almas frías
que no pueden entregarse
en todo su esplendor.
Siendo un obsequio frágil
que debe ser resguardado.
Desdichado el que no lo sabe apreciar
pues hay tantos espíritus
que entregarían la vida
tan solo por amar.
Persiguiendo un ideal,
saturados de nostalgia
viendo el tiempo pasar.
Efecto dando
instante súbito
causante de sorpresa
privilegiado aquel
a quien se lo haya conferido
favorecido en el ínfimo átomo de la vida
embriaguez y locura
siendo lo mejor de todas las utopías.
Sandra Méndez -Guatemala-
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