La enfermedad infecta mi intelecto,
pues mi alma lapidada está en cadena;
el karma me oscurece en mi condena
sujeto al eslabón, tal cuál insecto.
Vivo en un mar de lágrimas, e infecto
a mis sonrisas, rostro con diadema:
ahí está, en verdad, mi problema,
se acabaría la luz de mi proyecto.
El virus del delirio inoportuno
acecha a mi cabeza y me sostiene
al beso, que sin clero no es ninguno.
Entre relámpagos líquido viene
mostrando los encantos de Nepturno;
puediera ser el rey que me oxigene.
María Sirena Matri Mar -ESPAÑA-
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