Cuando amedrentado por un mal viento,
me refugio en una madriguera de ideas,
reconozco el eco del sonido del viento
rebotando en el balcón de piedra de mi cubil.
Entonces, huyo buscando un hueco
en el centro de la tierra
aspirando a ser un Robinson Crusoe
en brazos de la eternidad.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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