domingo, 2 de noviembre de 2014

FRAGMENTO DE TRAS LA LUNA DE OTOÑO, UNA ESTRELLA


Andrés no aceptaba la idea de quedarse sin el amor de Belén. Cuando recibió la llamada sintió que algo se encendía de nuevo en su corazón, todavía le quemaban los rescoldos de la hoguera en la que creyó quemar sus posibilidades pero el volverla a oír avivó el fuego y ese amor comenzó a arder con mas fuerza que antes. Aunque le notó la voz algo extraña, el pulso se le aceleró y los latidos repicaban como campanas, quiso saber hasta donde quería llegar con su relación, necesitaba estar seguro de que ella pensaba lo mismo, ella dio el primer paso y eso le daba opción a jugar su baza sin arriesgar nada. Tenia el pensamiento partido, la mente perdida y el corazón excitado, recordaba a Ana, los ojos se perdían en la imaginación queriendo rescatar los momentos de pasión con ella, veía su cuerpo enredado en aquellas curvas de vértigo, se perdía en sensaciones que le hacían olvidar por instantes a Belén maltratando su corazón, rompiendo en pedazos la cordura y haciendo añicos cada pensamiento, guerra de sentimientos que destrozaba el amor con andanadas de lujuria, el deseo bombardeaba con su encanto la nave capitana que perdía la esencia por las brechas infligidas a sus defensas. Atacaba la razón con proyectiles de ternura, calor de una caricia que hacia arder la vela mayor y dejaba sin avance al contrincante, alejando por momentos el poder que el sexo ejerce dando fuerza al corazón. Recogió la fantasía y envolvió su realidad atacando desde su puesto de mando dejando desarbolados a ambos contendientes que le estaban destrozando su verdad, consiguió relajar la mente, enfrió los pensamientos, bajo la temperatura de sus miedos y apartó la vanidad de sus deseos. Calma chica, marineros a remar, cada golpe le ayudaba a avanzar, quiso poseer ambas naves pero sin arriesgar, una tormenta era capaz de engullirlo todo, necesitaba mucha ayuda de los dioses para conseguir su objetivo. Belén, Ana, pensaba a dos bandas. Amor y lujuria unidos en dos cuerpos para arropar un solo corazón, poseer la serenidad de un mar en calma y la bravura de las olas crepitando sobre su cuerpo desnudo, beber de la fuente del deseo y luego descansar en brazos del amor. Volcán en erupción para apagar su fuego y dulzura de otros labios para calmar sentimientos que se alojan en el alma. Aquella encrucijada le hacia volar, demasiado alto quizás y podía darse un buen batacazo.
Escogió un vestido azul, plisado en los hombros que dejaba la espalda descubierta regalándole estilo y haciéndola mas atractiva, quería impresionar. Se veía hermosa y sentía su poder, altiva se lanzó otra vez a la conquista de su verdadero amor, pendientes de perla labrada adornando su rostro, quería controlar su mente y arrastrarlo irremisiblemente hacia si, cayendo rendido en sus brazos. Ambos deseaban que el encuentro diese sus frutos y encaminaron sus esfuerzos hacia ello, salir vencedores sin sufrir ningún rasguño. Para Belén era muy importante sentir su libertad junto a Andrés, él por su parte pretendía rescatar su amor y jugar con su doble baraja sin que ello le pudiese llegar a doler. Una mirada, una sonrisa, el miedo aprendió a esconderse y en su lugar apareció el engaño, palabras que envuelven la mentira y enmascaran el amor ocultándola tras una cortina de felicidad. Un beso dio por zanjado este lapsus dejándolo como algo anecdótico. Ya la tarde envolvió su tiempo y dejo paso a la noche que les regaló la luna con su rostro pletórico embrujando sus almas. Resurgió el amor, como ave fénix, de sus cenizas.

MIGUEL URBANO PERALVAREZ.

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