Yo, que siempre he sido un poeta soñador, enamoradizo, susceptible, con sentimientos y pensamientos puros y nobles, algunas veces dejo de soñar despierto, porque la realidad vital me acecha, me maltrata, me coacciona, me intimida y no me deja soñar, ni realizar mis sueños-despiertos, ni siquiera mis sueños virtuales, porque son falsos y nunca se cumplirán…
Los sueños en muchas ocasiones se los lleva el viento otoñal, los difumina y se hacen imperceptibles a la realidad social, porque son sueños evanescentes, sin sentido, sueños llenos de fantasía, de mundos ideales, de monstruos, de fantasmas, de magos, de duendes, que nos engañan con sus trucos y vemos lo que ellos quieren que veamos, por eso es magia, es vaporoso, pero que nos encandila y nos dejan con la boca abierta de la sorpresa. Los sueños-despiertos a veces se hacen realidad cuando uno lucha para que su sueño se cumpla, cuando se tiene fuerza de voluntad, cuando uno cae rendido en la lucha y saca fuerza de donde sea y renueva su lucha social por ese sueño terrenal que algún día no muy lejano quizás se cumplirá…
Hay sueños nocturnos que nos dan miedo y pavor al recordarlos al despertar, pero que así nuestro cerebro y nuestra mente nos les ha quitado de encima porque teníamos miedo a enfrentarnos a ellos despiertos y es mágico y maravilloso que eso se pueda conseguir con un sueño nocturno, quizás ligero o profundo, porque necesitamos desahogarnos de los problemas, de los traumas, de las decepciones, de los desamores, de los desencuentros, de las riñas, de las discusiones agresivas y peligrosas diurnas y así el sueño selecciona y borra como un pecé, como una auténtica máquina humana lo que realmente nos interesa y el resto va a la papelera de reciclaje cerebral…
Juan Montero Lobo “Visnú” -Segovia-
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