viernes, 18 de octubre de 2013

TERGUM VERTO

Lo había rastreado desde los escritos de Eber, del que descienden los hebreos, hasta los textos herméticos de Abaris el hiperbóreo. La última referencia, inconclusa, se hallaba en el grimorio de Nahmánides bajo capas de engaño y oscuridad. El nombre de la bestia: להפוך , lahpawak; el demonio
inverso, la criatura que consumaba su breviario infernal.
Calculó su número gemátrico, el que se oculta bajo la suma de sus cifras. Las álgebras cabalísticas le condujeron al patriarca Zabulón y a su maldición en el Deuteronomio para quien haga un ídolo de madera o metal y lo oculte en lugar secreto. Siguió estas soterradas instrucciones y elevó un altar dentro del gastado pentagrama. Conjuró a lahpawak con palabras de una lengua ya olvidada.
Un cambio súbito en la disposición de la iglesia negra precedió su entrada.
Rebosante de pústulas y heridas torturadas, lahpawak era la criatura más deplorable de todos los infiernos.
— Me llamo Berat —, dijo el mago —. Estás bajo mis órdenes.
La bestia comenzó a reír, aterradora.
— ¡Berat! —, dijo la bestia —. ¡Mi nombre ahora es Berat! ¡Tú eres lahpawak!
Sólo entonces advirtió el cabalista que era él quien permanecía atrapado dentro del pentáculo y algún otro, liberado, quien le sonreía junto a su breviario, también inconcluso.

Pedro Román (España)
Publicado en la revista digital Minatura 124

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