Vagando por el jardín de los pesares
te llame, grite, suplique
era necesario entender
que sucedía dentro de mi ser
tu rostro, tu voz, tu mirar
era el grito lejano del corazón.
Esa personalidad imponente
que extasía la mente
sonrisa que embriaga
lo sublime del alma.
El golpe certero al corazón
haciendo que todo se estremeciera
en el confín del tiempo
deteniéndose de un tajo
aquel segundo inmortal
siendo el desvanecimiento
la agonía del temor.
Aturdida ante tal elixir de pasión
invadiendo lo minúsculo del ser
intentando dar sosiego al corazón
el llanto brotó con emoción
comprender que si ese amor
no fuese correspondido
la devastación seria palabra mayor.
Sandra Méndez -Guatemala-
domingo, 20 de octubre de 2013
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