lunes, 21 de octubre de 2013

SED

Me llamó la palmera, tan distante;
yo, exhausto peregrino en el desierto,
llegué, de arena, de sudor cubierto,
y la sed abrasándome, asfixiante.

Mas ni oasis de sombra confortante,
ni agua reparadora a cielo abierto;
espejismo, no más; y, en desconcierto,
decidí no seguir hacia delante.

Pero me sobrepuse prontamente.
Si no calmas mi sed, ni a mí adyacente
deseas ser sosiego o palmeral,

proseguiré mi búsqueda; algún día
me otorgará el azar la compañía
que se adapte a mi espacio personal.
 
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-

No hay comentarios:

Publicar un comentario