A los Prieto, trabajadores incansables, cerrar la tienda por vacaciones les cambió la vida. Así, tras volver de su viaje por el Mar Muerto, el padre perdió su vitalidad y con el tiempo fue descuidando sus responsabilidades. La madre se quedó embarazada y debido a su avanzada edad le obligaron al reposo absoluto. Y por último, el hijo, que también les acompañó, se abandonó en su habitación de tal modo que palideció por la falta de sol. A consecuencia de ello, el negocio familiar se hundió ante la poca atención que le dispensaban, la casa se convirtió en un cementerio por su nulo ajetreo y el pueblo los marginó por holgazanes. Tres años después, su situación continúa agravándose, pues el padre sólo se dedica a la contemplación de aviones desde su balcón, la madre aún permanece encinta en su cama sin que el feto muestre indicios de abandonar el útero materno, y el hijo, que fue conducido por la Guardia Civil hasta su destino, aún no se ha licenciado del servicio militar. Y lo peor de todo, es que los médicos que han tratado de averiguar el motivo de su decaimiento siempre abandonan con la misma frase: «¡Qué pereza!».
NICOLÁS JARQUE
Publicado en el blog escribenicolasjarque
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Hace 2 días
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