Al terminar la escena, ella recibe solamente un aplauso. Aplauso que viene desde el palco. Al encenderse la lámpara lo único que ve es la grieta, pero no a la persona que está sentada en la butaca. Ahora, lo entiende.
Escrito en el Café de Ruiz / Barrio de Maravillas, Madrid, 25 de Junio, 2013
Sandra Lazar (Rumanía)
Publicado en Escribimos Los Libros de las Gaviotas
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