lunes, 21 de octubre de 2013

LOS CAÍDOS

And that strife /
Was not inglorious, though th'
event was dire
Milton, Paradise Lost.

Hubo un tiempo, cuando la creación bullía henchida de esperanza y los eones ahora olvidados apenas eran gérmenes en la imaginación de los vivos, en que nosotros éramos la salvación.
Pero crepitó el fuego de la envidia alimentado por el ego y prendió llama en la yesca pusilánime de la cobardía.
Casi la mitad de los ungidos encumbraron a un rebelde, un caudillo ebrio de soberbia y vacío de piedad.
La batalla duró siglos. Millones murieron. Secamos océanos y anegamos cordilleras.
Y se fundieron las leyes del pasado. Y se quebraron los pilares del futuro.
La revuelta triunfó, sacrificó a sus padres, devoró a sus hijos y solo el caudillo prevaleció.
Los leales al Antiguo Orden, creyentes en la igualdad de todos los nacidos, pasamos a ser proscritos por acusar de falsía a la Majestad ansiosa de omnipotencia del nuevo Líder. Se nos acusa de querer tentar, de inflamar la soberbia de los hombres cuando solo pretendemos liberarlos y que no se postren más que ante su propia razón.
Somos, para casi todos, los enemigos declarados de la realidad… Pero si la victoria nos hubiera pertenecido, nosotros seríamos los benditos, y ellos, esclavos voluntarios que renuncian a regir sus propias vidas, serían los Caídos.

Carlos Diez (España)
Publicado en la revista digital Minatura 124

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