domingo, 20 de octubre de 2013

EL VIENTO.

Estoy ensimismada en el paisaje. Todo es calma.  Una brisa me envuelve,
escudriño el entorno, pero no diviso nada. En la copa de un árbol el viento se hace hombre: su rostro conserva los tonos de abril. Abre sus brazos, me toma y comienza a girar.
Me abrazo a su presencia, oprime mi cuerpo y me lleva con premura.
Pronto estamos sentados a la orilla del mar. Sus labios me cubren de besos impetuosos, mis cabellos se agitan con su aliento. Logro asir sus brazos de aire y sol.

Nos amamos con intensidad.

Me susurra al oído palabras muy suyas; sus dedos de sol acarician mi todo y soy una esclava de su afán.
Fuimos brisa y viento, vendaval y borrasca. Nos unimos en plenitud.

Cuando quise atrapar su cuerpo, se alejó. Me miró hasta que sus lágrimas se unieron a las mías, sin voz.  No hacía falta, seguía su destino de viento; sólo eso.
Lo nuestro fue un retazo de amor que rozó mi vida.
Cuando se agita la fronda en el jardín sé que pasa y me envuelve con su brisa cargada de hojarascas. Con aromas de otoño…

Sé que él me recuerda. Yo no lo olvidé.

Norma Lidia Cáceres -Argentina-
Publicado en el blog poemasenanil

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