Estoy ensimismada en el paisaje. Todo es calma. Una brisa me envuelve,
escudriño el entorno, pero no diviso nada. En la copa de un árbol el viento se hace hombre: su rostro conserva los tonos de abril. Abre sus brazos, me toma y comienza a girar.
Me abrazo a su presencia, oprime mi cuerpo y me lleva con premura.
Pronto estamos sentados a la orilla del mar. Sus labios me cubren de besos impetuosos, mis cabellos se agitan con su aliento. Logro asir sus brazos de aire y sol.
Nos amamos con intensidad.
Me susurra al oído palabras muy suyas; sus dedos de sol acarician mi todo y soy una esclava de su afán.
Fuimos brisa y viento, vendaval y borrasca. Nos unimos en plenitud.
Cuando quise atrapar su cuerpo, se alejó. Me miró hasta que sus lágrimas se unieron a las mías, sin voz. No hacía falta, seguía su destino de viento; sólo eso.
Lo nuestro fue un retazo de amor que rozó mi vida.
Cuando se agita la fronda en el jardín sé que pasa y me envuelve con su brisa cargada de hojarascas. Con aromas de otoño…
Sé que él me recuerda. Yo no lo olvidé.
Norma Lidia Cáceres -Argentina-
Publicado en el blog poemasenanil
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Hace 1 día
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