del Destino
maúlla
sólo para ti.
Hay una duda,
hecha carne pensante,
donde antes estaba
mi cabeza.
Mi cuerpo es
un epitafio de sombras
que lleva tu nombre
en la piel.
Pronunciaste
mi nombre,
y volví a la vida.
Tu voz
tiene el color
de un pájaro
sin nido.
Desde mi sarcófago,
miro mi cuerpo
marcharse
contigo.
Cuando el día
pierde su apuesta,
la noche vuelve
a ser tú.
Soy libre;
Aún no he sido
concebido.
Los aullidos
de tus muslos
aprisionan
mi cabeza.
Contrario a lo que crees,
el desierto
nació
de la rosa.
¿Para qué nacer,
si hemos de morir?
El cuchillo se estremece
con violencia:
La blanda carne,
palpitante aún,
se le ha clavado
hasta el hueso.
Estoy dentro
de mi cuerpo
(de Lo que era)
y ya no me conozco.
Tengo una derrota
dispersa por todo el cuerpo.
Mi cuerpo
está muerto
y yo (¿dónde estoy?)
entre ambos
se interpone
la cifra
de la Derrota
El hombre es
la obra cumbre
de la Poesía.
Sólo soy un poco de polvo
(pasado y futuro)
que cree que es carne
y vive de componer
olvidos y aire
(que son lo mismo)
que es el reino
de la Poesía.
VÍCTOR DÍAZ GORIS -República Dominicana-
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