Ayer sí sentí el tintineo de tu voz,
pero no en el momento que te oí morir
fue cuando agonizabas suplicando clemencia.
Aún hoy, no he visto llorar ranas.
En un principio intenté permanecer seco
Siendo permeable al rodillo mortal de tu pena
y no emocionarme con tu agonía
conteniendo el sufrimiento líquido en cántaros.
En el silencio eterno de mi cautiverio
me mostré inmutable al asedio de tu recuerdo,
reclusas, en obstinadas batallas, eran mis ideas,
(enfrentamientos de luces sordas y venenos viejos).
Como delator feraz del mediterráneo velo
tu impetuoso susurro, estela de una terca vida,
exculpó tu pena en rito embelesador
de un intercultural vértigo a tu dársena atracado.
Luis Vilches -Algeciras (Cádiz)-
Publicado en la revista Tántalo 67
martes, 17 de septiembre de 2013
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