martes, 17 de septiembre de 2013

NATURALEZA DE LOS ÁNGELES

La lucha de residuos de un ser debatiendo dentro de él, le despertó.
Trataba de incorporarse y recordar qué había pasado. Divisó la cruz grabada con fuego en su pecho. Le hacían falta las grandes alas que cubría su espalda.
Su cuerpo no era el mismo, no era blanco, no era santo.
Esa historia que le gustaba y que era prohibida recordar, en la cual los cielos se habían visto empañados, teñidos de sangre, y los rebeldes habían sido expulsados de los cielos, había vuelto a suceder. Las escenas de lo ocurrido, llegaron como una luz a su mente.
Ahora era cuando veía imágenes de los ángeles rasgarse, morderse de dolor, suicidándose ante la vergüenza de ver como pequeños demonios salían de sus cuerpos santos. Como se les desprendía la piel, dejando al descubierto otra piel, esa que durante años había sido cubierta, esa, la verdadera.
Viendo las negras y escamosas anatomías adquiridas de los ángeles caídos, comprobó que poseían la misma cruz de fuego grabada en sus pechos.
Señal de que todo había acabado.
El cielo había sido invadido por la verdad. Lucifer subió a su hábitat natural, de donde había sido arrojado y Jesús bajó a donde había sido concebido, de donde había ascendido.

Mary Paniagua (República Dominicana)
Publicado en la revista digital Minatura 124

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