con la frente erguida
y el maltrecho pecho abierto.
Llevo con hidalguía mis canas,
mis sienes ralas,
mis sinsabores
y estos viejos huesos.
Me he refugiado
en todo lo que he dado,
en lo que ofrezco,
en lo que he sido
y en lo que soy.
Siempre he dado todo de mi,
mucho mas de lo que se esperaba,
y, a cambio,
siempre he recibido
mucho menos de lo que merezco.
En esta magia infinita
y sin acordes,
vaga tranquilo mi espíritu perdonando,
reconfortándose en su dolor
sin mirar atrás.
ROLANDO BLANCO PASCUAL
No hay comentarios:
Publicar un comentario