Y aunque entonces vivían en ellos presentiste,
tras la carne vestida, el doliente fantasma
que al rezo de los otros nunca calma
la amargura de haber vivido inútilmente
Luis Cernuda
El jardín floreado y sus limoneros,
tu padre, muro adusto e inflexible,
tu madre, flor caprichosa y inestable,
el amable sonido del silencio,
la evasión hacia el fondo de ti mismo
intentando encontrar el afecto y la armonía
que apartara las sombras y sus fantasmas
que vestidos de soledad y hastío
cubrían de amargura tus deseos.
Construiste con ahínco en tu interior
una atalaya donde otear el camino
de los vientos piadosos que bendicen los deseos
que perecen antes de dar fruto.
Como el adolescente que nunca fue niño.
Del libro La incierta superficie de FRANCISCO MUÑOZ SOLER
Programa de radio La hora de la República
Hace 1 día
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