jueves, 21 de marzo de 2013

Y FUE UNA NOCHE

La tarde somnolienta y cansada de una jornada
agitada está lista para irse, prepara el recambio de
todos los días y le da el mando a su amiga…LA
NOCHE.

Y yo, cual ceremonia sagrada, salgo de mi
guarida de hombre solo para penetrar ese manto
 mágico y disfrutarla con tantas cosas que salen al
paso de mi recorrido.

En mi deambular voy buscando el centro de la
ciudad para meterme de lleno en esa vorágine de
gente, donde paso de ser un solitario a ser uno
más de la jauría.

Pero lo bueno de todo esto, son los personajes
con los cuales me choco en el camino, al primero
que diviso es a Pancho, el viejo linyera que bajo
el toldo de un local abandonado  hizo su mundo.

Me paro como siempre a intercambiar unas
palabras con este filósofo de la vida, donde en
cada plática con el susodicho, salgo a punto  para
preparar una tesis doctoral.

Lo saludo amablemente y continúo mi periplo, ya
más predispuesto a lo que pueda encontrar, doblo
en la esquina y en la vidriera de ese bar veo una
cara conocida, don Esteban, me hace señas para
que entre, me invita a su mesa donde de destaca
como un ícono el infaltable vaso de ginebra, él
dice que es por prescripción médica.

Este personaje es un viejo poeta que en sus
sueños de versos y alcohol, hace los viajes más
fabulosos a bordo de su imaginación, para
contarles después a quién quiera escucharlo,
como por ejemplo a mí, que ayer tuvo un
encuentro con Rubén Darío, al que le leyó uno de
sus poemas ( siempre dije que gente como don
Esteban, eran patrimonio exclusivo de BUENOS
AIRES.

Mientras me desplazo de un lado a otro, la noche
amiga me va introduciendo en historias de vida
dignas de contar, en la cual muchas veces paso a
ser intérprete de algunas de sus obras.

Para muchos la noche tiene mala fama y que todo
lo malo sucede cuando cae el sol, para mi son
patrañas de quienes no la han transitado.

Bajo un cielo salpicado de estrellas y con una
luna cómplice conocí a Jana, la inolvidable
Israelí, la que me hizo sentir el verdadero milagro
de amar, tan solo recordarla y siento como un
soplo de juventud que llega de ese hermoso
recuerdo, nuestro encuentro fue algo gracioso.

Al acercarse donde yo estaba, noté que llevaba
entre las manos lo que supuse era un catálogo de
la ciudad y andaba buscando un lugar
determinado, eso imaginé y no me equivoqué,
pues en un mal castellano me preguntó por un
restaurante que le habían recomendado.

Era tan bella, irradiaba tanta simpatía y esa
jeringonza de castellano que balbuceaba, hicieron
que me quedara prendado de ella, metí la mano
en el bolsillo y noté que solamente tenía unos
mísero pesos, que podrían hacer la vergüenza o la
alegría por lo que se me acababa de ocurrir.

Después de agotar todas mis artimañas de
seductor logré convencerla de acompañarla a
“ESE RESTAURANTE” que por supuesto era
carísimo y me dirigí sin pensarlo a otro acorde
con mi economía.

Apenas llegamos a la entrada y la Israelí me miró
como con signo de interrogación, mientras leía el
nombre del lugar, noté que de sus labios brotaba
una sonrisa que quería decir muchas cosas y a
continuación me preguntó con inocencia…¿Qué
QUIERE DECIR PIPO?.

Pero la sorpresa mayor, fue cuando el mozo puso
como mantel dos papeles blancos comunes, creí
que con razón me iba a mandar al carajo…y para
colmo en hebreo.

Acto seguido me dijo las palabras más
esclarecedoras, que me indicaron que yo también
le gustaba…NO QUIERO QUE ME MIENTAS
NUNCA.

Yo creía que de amor sabía mucho, me di cuenta
que no sabía nada, al lado de ella aprendí en todo
su esplendor “ lo que es querer y ser querido”.

Después el tiempo, disolvente artero que todo lo
destruye logró su cometido, fue el día que mi
amor me dijo: me estoy enamorando
profundamente de ti…ES HORA DE PARTIR,
mi libertad está por sobre todas las cosas.

Y a pesar que mucho no entendí ese planteo, tuve
que aceptar que mi vida tomaba otro rumbo y mi
dulce Jana, la inolvidable Israelí…pasó a ser un
lindo recuerdo.

Más el mundo siguió girando cual ruleta eterna y
la misma ciudad que me dejó huérfano de ese
intenso amor, me trajo otros amores, distintos,
pero muy apreciados.

A lo largo de mi trajinar fui cosechando amigos,
que en mayor o menor grado fueron dejando en
mi grandes enseñanzas, pero lo que más le debo a
mi Buenos Aires, es que a su amparo conocí a
gente entrañable que llenaron mi vida de alegrías,
fueron mis pares…LOS POETAS, que llenaron
mi alma con esa luz que acababa de perder.

Entre ellos quiero rescatar algunos de
los  nombres que tengo grabados entre
muchos más …”la” Bermudez,
“la”Delfini “la” Siguelbaum “la” Cortéz “la”
León, Badaracco, Leiro, San Román, Santos,
Pássaro, Muñoz…y la lista sería interminable.

Así es la noche de mi Buenos Aires, te da y te
quita por igual, pero en definitiva…EL SALDO
ES POSITIVO.

Buenos Aires fiel amiga
Sos la amante más deseada,
La que encandila mi alma
Al contemplar tu esplendor,
Vas sembrando con tu magia
La amistad y la bohemia,
Sos la musa inspiradora
De este poeta…soñador.

Boris Gold
Publicado en la revista Nevando en la Guinea 32

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