Fecunda mis raíces.
Que la muerte no nos unja con savias de obediencia
ni nos proclame inmunes a los truenos ni nos expulse a honduras imposibles ni nos prolongue en ángulos de escarcha.
Destruye con enconos invasores el sórdido vitral donde los días enlutan sus encastres rumorosos
y asedian entre herrumbres sin olvido sus congojas de arenas hechizadas.
Restaura la vigilia en los volcanes.
Enhebra cien hogueras desprolijas.
Funda grietas de augurios inconclusos que desnuquen silencios, que alucinen enjambres de secretas madrugadas.
Asume el desafío, alza la vida,
establece estaturas de refugio donde astillas de viento adolescente muestren a contraluz cómo el follaje entreabre sus tinieblas escarpadas.
Arrasa las rutinas implacables.
Calcina mariposas.
Triza el tiempo.
Conmueve con fecundos exorcismos los nómades insomnios de la sangre exiliada en anteras subterráneas.
¿Sabes, amor?
Si aguijas las colmenas, si avasallas sus ávidas corolas, absolveremos todas las manadas - coléricas de eclipses y letargos – en que perras de hastío nos atacan.
Y podremos sentir, pese al otoño,
que aún somos los rasguños fugitivos, sinfonías de acordes espinosos,
jadeos quebrantando los ocasos a golpes de ternura amotinada,
la sed, la ceremonia, el laberinto,
retazos de vocablos fantasmales encendidos por ásperos relámpagos
y ese fragor de forjas impacientes
atrincherando el fuego en las entrañas.
Del libro A espaldas del silencio de
NORMA SEGADES-MANÍAS
Publicado en la Editorial Alebrijes
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