Un grito que se oye en la penumbra del silencio
resquebraja las mudas palabras que pernoctan.
Un alarido de un mundo sollozando sus heridas
buscando la esperanza como bálsamo del alma.
Un grito proferido por el niño bebiendo hambre
lacera la lágrima de quien avizora sus dolencias.
Un clamor de la niña vejada por su cruento padre
silenciando la vergüenza y la tortura del destino.
Un grito rasgando sueños en la muerte venidera
sentencia alientos en guerras que exigen vidas.
Un alarido dibujando hilos de sangre inocente
permanece en las reminiscencias de holocaustos.
Un grito de la ramera hastiada en sus designios
sucumbe al abismo de la negrura en desprecios.
Un clamor de un indigente muriendo inviernos
extiende la mano a las indiferentes opulencias.
Un grito del esclavo que desgarra las cadenas
libertando el yugo que subyuga su existencia.
Un alarido del diferente que amorra su esencia
oculta su atisbo al que discrimina por ignorancia.
Un grito… es palabra que necesita ser escuchada.
Diego López (Argentina)
sábado, 25 de mayo de 2013
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