Roja destrucción de inminente llamarada.
Arde la rama muda del avellano.
Siento crujir con espanto, sus varitas, tierna vida,
Que un alma ciega, en su hondo humano,
Quemara la pasión, en verde hervor, de hoja nacida.
¡Señor!. El verde frenesí primaveral
En otoño, agudo y oprimido, se ha tornado.
Frágiles seres con el viento de la mano,
El chispazo fugaz, de muerte,
Deja el campo estremecido y desvalido el verano.
Estremece el crujir de pulpa dulce
Que afirma que, quien lo hizo, no es humano.
Pedro Jesús Cortés Zafra -Málaga-
sábado, 25 de mayo de 2013
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