A mí podéis llamarme grito
aunque mi pesadumbre,
rodeada por el hielo
y amantada por el fuego,
se exprese como el silencio.
Tampoco diré no al traidor,
pues cuando el viento aúlla como el silbido de la daga
cuando la noche sopla fría y lluviosa,
yo acurrucada, miro desde mi ventana.
Pero he de deciros que atravieso por mi océano, solitaria
escudada por la amargura de la vida:
como el murciélago caído
se escuda en la quietud de lo negro
o como el guiño traidor
se escuda en el párpado de la mirada.
Mesalina Luna Mesalina
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