Al llegar la alborada,
soy la fresca mañana
que engalanan los gallos
con un son primitivo
en un canto a natura,
con plegarias a Dios.
Cuando avanzan las horas
con el tiempo que corre,
soy los rayos dorados
infinitos del sol.
En las tardes pausadas,
monótonas, grises,
me convierto en crepúsculo
cuando declina el sol.
y me voy moribunda
suspirando en colores,
de un astro que muere
navegando en el mar.
Por la noche en penumbras,
soy el sueño cautivo
del misterio que encierra,
el silencio total.
Y me pierdo en las horas
soñolientas confusas
anhelando que un día,
llegue a ser inmortal.
Raquel Alejo
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