domingo, 10 de septiembre de 2017

EL HOMBRE Y SUS PÁJAROS...


Vino a verme mi compañero de correrías;
venía bien presentado con su bastón plateado
y en la cabeza un sombrero para cubrir el tejado.

Pero cuando se destocó no sé si era una pajarera
debajo de aquel escaso cabello blanco;
Tenia ciguas palmeras y oropéndolas amarillas,
anidando dentro de su noble cráneo.

Estos pájaros comen, duermen
en los aleros de su anfiteatro... que es el espacio
libre, osea toda la cavidad de su longevo cráneo;
Luego él se despeja de su tirolés
y las espanta y se queda tan pancho, como si aquí
nada huviera pasado.

¡Hay que joderse señores! ¡el tiempo parece que no
deja huella por donde pasa!
Él protege con su amplio vocabulario;
a perdices, cotorras, quizás algún que otro canario...
de plumajes vistosos que rehuyen
la espantosa cohetería humana.

Pero además también anidan en tejados menores,
alondras y picaflor, petirrojos y pájaros de todos los colores...
Él con su clarividencia camina muy ufano por la calle,
mientras la muchedumbre estupefacta
se para y lo observa, la pajarera que porta sobre su cabeza...
La gente dice: se oyen pájaros...
Pero otros que son los espabilados de turno dicen: No es el alzheimer.

RAFAEL CHACÓN 

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