Hoy vi el lucero prematuro
de la aurora,
pero el aroma de la rosa que despertaba
el trino del zenzontle
había eclipsado el rocío de los tiempos...
Te vi llorar y mi pecho sofocó la herida,
la misma herida que se abrió
cuando enmelábamos la juventud
de sueños, de ilusiones, placebos
y mentiras, ingenuas o piadosas, no lo sé.
Yo solo sé que te amaba
y que me amabas tú, que en el ruido del amor
ignorábamos la realidad
y el destino, y el flagelo del dolor
nos sorprendió una noche cuando tuve que partir!
Hoy que vuelvo enajenado
de la historia de los tiempos que envolvieron
mi destino de soledad y hastío,
el lucero es mi guía para alumbrar mis pasos
aunque la rosa se haya secado para siempre...
No te veré más, te lo prometo!
Sé que amas a otro, el lucero me lo ha dicho;
esta vez, ya no te vi llorar,
y la herida que embriagó mis mocedades
ha hecho su nido, aquí en mi pecho!
Ricardo Flores Joya -El Salvador-
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