miércoles, 14 de enero de 2015

LA ROSA Y MI HERIDA


Hoy vi el lucero prematuro
de la aurora,
pero el aroma de la rosa que despertaba
el trino del zenzontle
había eclipsado el rocío de los tiempos...

   Te vi llorar y mi pecho sofocó la herida,
la misma herida que se abrió
cuando enmelábamos la juventud
de sueños, de ilusiones, placebos
y mentiras, ingenuas o piadosas, no lo sé.

   Yo solo sé que te amaba
y que me amabas tú, que en el ruido del amor
ignorábamos la realidad
y el destino, y el flagelo del dolor
nos sorprendió una noche cuando tuve que partir!

   Hoy que vuelvo enajenado
de la historia de los tiempos que envolvieron
mi destino de soledad y hastío,
el lucero es mi guía para alumbrar mis pasos
aunque la rosa se haya secado para siempre...

   No te veré más, te lo prometo!
Sé que amas a otro, el lucero me lo ha dicho;
esta vez, ya no te vi llorar,
y la herida que embriagó mis mocedades
ha hecho su nido, aquí en mi pecho!

Ricardo Flores Joya -El Salvador-

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