Una garza blanca desfila sobre la copa, pulcra,
de una fila de arbustos suburbanos,
exhibiendo superior su perfecta nitidez de ave polvorosa y vagabunda.
Ha traído el desorden al orden y el mar a la ciudad
(a la sub-ciudad que deberían reconquistar las iguanas)
y ha destejido el día a su manera,
rasgando la realidad predecible del concreto.
Lejos de su lugar, cruzada la frontera, desorbitada cantera de cometas,
su paciente parsimonia de llegada puntual me retiene tantas horas más tarde.
Tantas idas y venidas locas brotando de su estancia mínima, vagamente reportable.
Una de tantas señales que me llegan de lejos tras la gran oclusión.
Una de tantas tardes que el momento consume.
¿Cuál será su emoción suprimida sino el olvido mismo?
Un paso tras otro, y las ideas fluyen con verdad paralela
¿Cuál será su emoción suprimida sino el olvido mismo?
Debe ser el espejo en la calle, dibujando gaviotas.
Francisco Larios -Nicaragua-
Publicado en la revista Letras Salvajes 16
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