Abrazada a mi almohada
entre suspiros y sollozos
dejo caer mis lágrimas
que como gotas de agua clara
mojan la tersura de las sábanas.
No estás aquí, te extraño
la noche se hace mañana
y los susurros de tu voz
se van desvaneciendo
en la quietud del cuarto.
No quiero escuchar
los trinos de los pájaros
que anuncian el amanecer.
No quiero sentir el sol
que por la ventana ya apareció.
Solo quiero que se haga
eterna la noche
sin luna, sin estrellas
porque así está mi alma
esperándote.
Abrazada a mi almohada
cuento los segundos
que se hacen horas
sabiendo que tú
aún me piensas.
Abrazada a mi almohada
repito tu nombre
para sentir que quizás
los escuches en tu tierra lejana
y vuelvas a mí como cada mañana.
Abrazada a mi almohada
mi ojos miran perdidos
a aquella foto que duerme conmigo
en estas abatidas noches
en que no estás conmigo.
Diana Chedel -Argentina-
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