sábado, 7 de septiembre de 2013

TALLER LITERARIO (22)

LA FRESA Y LA BOTELLA

La fresa Josefina
estaba con sus amigas
en el frutero de la cocina.
Pero como es tan coqueta
y no se puede estar quieta,
buscaba en cualquier objeto
su reflejo para presumir de su belleza;
pues para ella es la más guapa de las fresas.
En la botella se miraba y se miraba
y cada vez más deforme y gorda se encontraba.
Por lo que se puso muy enfadada
y a la botella replicaba:
Si mi guapura no puedes admirar
buscaré a otro que lo haga de verdad.
Así que la fresita Josefina decidió rodar
por la encimera de la cocina para ver
si encontraba donde poderse reflejar
para su hermosura admirar.
Pero de tanto rodar y rodar
al suelo fue a parar
y el perro que por allí rondaba
al escuchar el ruido hasta ella se acercó;
la olfateó y la relamió
soltando babas como un caracol.
Pobrecita la fresita Josefina
que por ser tan presumida
y presuntuosa terminó
en el suelo de la cocina
sucia y relamida.

CARMEN PÉREZ MARTELL

LA FRESA Y LA BOTELLA

El aroma que desprendía la pequeña botella junto al ventanal, revelaba tu presencia una vez más junto a mi hogar.
Su inconfundible fragancia me indicaba que estabas muy cerca y ansioso esperaba el momento de poder contemplar nuevamente tus carnosos labios rojos y recordar el dulce sabor de tu boca tal cual fresa madura espera en un manjar.

ANTONIA GUERRERO

LA FRESA Y LA BOTELLA

No sabía la fresa
lo que era una botella.
Hasta el día que unas manos
la arrancaron de su mata
y la estibaron en una caja.
La fresa lanzó un gemido de pena.

La llevaron a una fábrica,
donde la trituraron
y la metieron en una botella.
Dolor, destino.

En verdad todo lo de este mundo
tiene un parecido camino.
Caja o botella que más da.
¡Qué es lo que no tiene un final!
¡La fresa aprendió a llorar!

ANTONIO BASALLOTE

LA FRESA Y LA BOTELLA

Me sembraron en la tierra
era una mata verde.
Me regaron con cariño
y fui creciendo silvestre.
Mis hojas iban creciendo
y salió un fruto blanco
que al cabo de los días
a rojo iba cambiando.
En la planta se veía
como un pequeño corazón,
entre el verde del campo
vivía con ilusión.
Pero unas manos
de la planta me arrebató…
¡qué fresa más hermosa!
y en el cesto me metió.
Al llegar a la casa
en zumo m convirtió,
echándome en una botella
a los niños se lo dio.
Pasando por un túnel…
¡ay mi vida se acabó!

LOLI BRENES RODRÍGUEZ

LA FRESA Y LA BOTELLA

Que maravillosas cosas me decías
mientra de la botella escanciabas
el líquido delicioso
que yo golosa sorbía.

Con mis labios que tú deseabas
que para ti eran rojas fresas encendidas
te contestaba que yo también te quería
que con locura te amaba
entonces, soltando la botella
que al suelo con estrépito caía
y en mil pedazos se rompía,
entre risas me besabas.

Al oír aquel sonido
que como mal presagio
a mi corazón llegaba
cerré fuertemente los ojos con temor
no quería ver en los tuyos
ni un ápice de desamor.

Ahuyentando nubarrones
de tormentas por llegar
nos amamos largamente.

Después de varios lustros
nuestro eterno gran amor
como casi siempre, se desvaneció.

No fuiste tú, tampoco yo
simplemente pasó.

Ahora frente a una gran fuente de fresas
y una botella de aquel casi mágico licor
llegan dulces los recuerdos
de besos, de insensatas caricias,
de tanta pasión
y paladeando golosamente una fresa
como hice con nuestro amor
alzo mi copa en un brindis
sin prisa y ya sin ningún temor.

CONCHA GOROSTIZA DAPENA

LA FRESA Y LA BOTELLA

Botellas cientos, miles de ellas y fresas por toneladas. Pero todo tiene su explicación.
Eran cuatro hermanos y los cuatro con ganas de trabajar, cada uno en lo suyo por supuesto.
Javier el mayor es el encargado del vino y a fe que lo está haciendo bien, ya tiene su Denominación de Origen: DO puesta en las etiquetas de las botellas. No fue fácil pero lo ha conseguido.
Andrea no sabía exactamente a donde dirigir sus inquietudes profesionales, dudaba, pero un día mientras paseaba por una parcela de la finca que estaba en barbecho lo supo. “Fresas”, la tierra era idónea para ese cultivo y además el casi río que atravesaba la finca regaría abundantemente los plantones. Casi río como denominaban cariñosamente al riachuelo donde tantas veces de niños les había refrescado los largos días estivales. Ahora bañará sus fresas que de seguro serán excepcionales. El mundo degustaría los ricos caldos de Javier y las dulces fresas de Andrea. A no dudar habían tenido éxito en sus empresas.
Rocío no sabía ni de tierra, ni cultivos ni le preocupaba demasiado la meteorología. No, a ella le fascinaban las formas y los infinitos matices de los colores de las puestas de sol, los rayos que se desparramaban sobre las vides, los plantones de jugosas y pulposas fresas, el casi río y el lejano bosque, todos ellos inspiradores para que ella pueda plasmar sobre los albos lienzos tanta belleza y maravilla de la naturaleza. También las botellas y las fresas.
Nos queda Pepito, el travieso Pepito, que correteaba feliz por los campos, se bañaba en el arroyo y se escondía entre las botas inmensas de la bodega donde los néctares salidos de las uvas producidos por Javier iban haciendo soleras para exquisitos y sibaritas paladares. Pepe, como prefiere que le llamemos, va rellenando cuartillas a todas horas por todos los rincones con inspirados versos que describen con alma y corazón todo lo que acontece a su alrededor. Observa y plasma, incansable, febril, las armónicas palabras que lo describen todo con amor.
La exposición fue un éxito, sobre las mesas cubiertas con ricos manteles bordados por delicadas manos femeninas, brillantes y esbeltas botellas presidían las fuentes repletas de jugosas y rojas fresas. A su espalda cuadro de finos colores y al lado poemas que los describen. Arte todo es arte, el vino de las botellas, las fresas en las fuentes, arte que sale de la tierra y arte que saliendo de amantes corazones ensalza los valores de la tierra. Fresas y botellas.

CONCHA GOROSTIZA DAPENA

LA FRESA Y LA BOTELLA

El rojo encendido de la fresa
atrajo mi curiosa mirada
y me detuve a analizar
su anatomía deseando
sentir en mi boca su dulzor
mientras la regaba
con el dulce licor de una botella
comprada en un supermercado cualquiera.

Fue un momento, nada más que un momento.
Después solo quedó el recuerdo
de un grato sabor en la boca.

JOSÉ LUIS RUBIO

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