lunes, 9 de septiembre de 2013

EL GARAGE DE REMBRANDT

La calle está revuelta y sucia,
ramas que se frotan como espadas
a la altura de cornisas y balcones
donde la lluvia se resume
en un mínimo de luz, de gris sucio
y en un chisporroteo como de aceite frito.
Se ve la mala maniobra de un camión
frigorífico, la puerta de atrás que se abre.
Una media res colgando del travesaño
oscila, sola, a la vista de la gente.
Y habría que pensar que no la llevan
a la carnicería, sino al garage
donde montó su atelier un naturalista
tardío, un futuro nuevo Rembrandt
que a esta hora de la madrugada
debe estar limpiando los pinceles
en la manga de su camisa
-libros viejos ocupando la escalera
que sube a una puerta clausurada,
debajo una mesita con pomos
estrujados y porrones de ginebra,
trapos, viandas frías y restos de café
en las tazas que ahora se usan de cenicero.

DANIEL GARCÍA HELDER -Argentina-

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