No tienes rostro y no tendrás voz.
Por eso brota de mí una fiera
a la que ni la lira de Orfeo podría calmar.
Es inútil querer desahogarse de algo
cuando se tiene miedo a hablar.
MARÍA JOSÉ BERBEIRA RUBIO -Castelldefels-
Publicado en el blog dondehabiteelolvido-airama
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