martes, 4 de diciembre de 2012

PREMIOS


De los poetastros
y de los escritorzuelos,
cazadores de premios,
y autores de insufribles mamotretos,
que aparecen pomposos
en las llamadas páginas
culturales de los periódicos,
Dios nos libre, ¡oh Dios mío!
Realmente dan pena
verlos posar y oírlos
decir a  boca  llena estupideces.
Ellos, ¡qué chiste tan sin chiste!,
inflan , inflan e inflan sus ridículos egos
y acarician  el cheque,
¡viva  la literaria corrupción!,
con codicia febril en los oscurito
mientras dan  entrevistas
ridículas a ridículos
e idiotas periodistas de ocasión.
-Soy  famoso. Famoso. Soy famoso,
farfullan lengua adentro
con mísera miseria,
propia de  miserables,
pues miserables son
estos, sin discusión, repugnantes tipejos.
Que así son los  poetastros
y los escritorzuelos
cazadores de premios.
Aunque no obstante obtienen
toda clase de premios,
incluidos la mentira del Nobel
o el Cervantes, premios ambos
que nunca jamás nunca
hubieran concedido,
de existir en su tiempo tales fábulas,
al bueno de Miguel mientras vivía;
pero así es este fraude y esas gentes
que suelen dar los premios
y ¡bueno!, ¡bueno!,
como suelen decir los futbolistas,
las cosas  son así y asao
y el que puede las puede
y, por tanto, en protesta,
aunque de nada  valga,
se vale orinar en un árbol,
imitando  a los perros  callejeros,
y lanzar un ladrido
por  el sencillo gusto de ladrar
sin esperar  que a nadie
se le ocurra ponernos en la lista
de los  clásicos y astutos
cazadores  de premios,
aunque eso sí, la  verdad  por delante,
nos  vendría de perlas y collares
un  cheque al portador
para poder adquirir el oxígeno
que tanto  necesita, y con urgencia,
nuestra  musa  adorada;
por la gracia del agua,
del aire, de la tierra y del sol,
mujer de carne y hueso.

JUAN CERVERA SANCHIS -México-

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