Sebastián se despertó a media noche, los fuertes dolores habían regresado y aún faltaban seis horas para volver a tomar sus medicamentos. Trató de respirar despacio y controlar el dolor, pero fue inútil. Después de una hora de dar vueltas en la cama, estaba ya empapado en sudor. Tuvo la certeza de que esa sería su última noche, ahora sí supo que tan solo le quedaban unas pocas horas de vida.
Estaba trabajando en el final de su tercera novela de terror y durante el día anterior dejó sin terminar la
última hoja del libro; ya solo le faltaba redactar el final. Suspendió la escritura por temor al fatal desenlace
del protagonista; empezó a creer que si terminaba de escribir la novela, su vida concluiría a la par. ¡Basta!, se dijo, tenía que entender que esas eran meras supersticiones y sobre todo debía aceptar que el cáncer
había ganado la batalla y estaba consumiendo su vida. ¿Qué debería hacer en sus últimas horas? ¿Cuál
sería la mejor manera de terminar sus días?...Pues haciendo lo que mejor sabía hacer: contar historias.
Con gran esfuerzo, Sebastián se sentó en la cama y tomó el frasco de Morfina que tenía en el cajón de su
buró; acercó el medicamento a su boca y tragó una pastilla. Esperó, poco a poco fue desapareciendo el
dolor y sus sentidos comenzaron a tomar claridad. Se puso de pie y fue hasta su estudio. Al encender la luz,
vio como el lugar estaba en una penumbra que ni las propias luces lograban aminorar. Sintió la presencia de alguien escondido entre la las sombras y se estremeció. Se sentó en su escritorio y tomó su pluma, acercó la hoja y continuó escribiendo. Conforme llegaba al penúltimo párrafo, sintió cómo la sombra se acercaba a él. Concluyó la última palabra y en ese preciso momento, una mano huesuda y firme lo agarró con fuerza del hombro.
Sebastián levantó la vista al frente y reflejado en el ventanal vio a la muerte parada detrás de él; con gran
resignación le preguntó:
— ¿Me concederás ver por fin la Torre Oscura?, he escrito todo lo que has pedido. Cumplí con mi parte del trato, ahora te toca a ti llevarme a Mundo Final.
—Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja— fue lo último que escuchó Sebastián antes de morir.
Basado en la novela La Torre Oscura de Stephen King
Mª del Socorro Candelaria Zarate (México)
Publicado en la revista digital Minatura 123
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