Transitabas perentoriamente por ende,
entre la umbría de una magna iglesia,
cuando sobrevino del cielo un proyectil acigüeñado.
Por poco y casi,
te dijiste,
y continuaste en pos de nuevas aventuras consuetudinarias.
Al cabo de tres horas,
pico mas,
pico menos,
comprobaste horrorizada,
los resecos daños colaterales.
Menos mal que era bosta de palomo cojo
y no de cigüeña vieja,
pensaste.
Lo curioso ocurrió a posteriori al escoger,
en el azar de uno de los cinco libros adquiridos contra reembolso por tu egregio compañero cuatro ojos y porfianzudo,
uno de un tal Mrozek.
Y abrirlo así como la que no quiere la cosa,
por las páginas de un relato corto,
consistente en la historia de uno que se decía personaje,
que trataba de leer el futuro, su futuro,
en esas nubes que pasan,
miró y remiró hacia arriba
el personaje de papel
y encontrose a bocajarro,
al igual que tú,
con los desechos del aparato excretor
de un ave volandona.
A veces la realidad,
iguala a la ficción
más cualificada.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
No hay comentarios:
Publicar un comentario