viernes, 20 de julio de 2012

NO ME QUEDAN BESOS


No me quedan besos, unos los dejé gimiendo de la rama más alta, otros en los escotes furtivos que se incendiaban a mi paso, otros, besos como agujeros en una puerta al infierno, los vendí al por mayor en una casa de muñecas, los que no tenían nombre los envolví en papel plata y los utilicé de cenicero en apuestas clandestinas, los más recónditos son los que al final se untaron de desdén y escondí en un bolsillo cualquiera de mi pantalón de diario, besos como remiendos como parches en la nalga de un trampolín en invierno. No. No me quedan besos, no me quedan verbos, no me quedan versos. No.


GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

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