sábado, 14 de abril de 2012

EL RITMO DEL SILENCIO

Hemos perdido el disfrute del silencio. No del silencio de los olvidados, o de las penas, sino el de la contemplación: el silencio que nos descubre cosas nuevas está perdido, desaparecido entre el ruido de la vida moderna.


Ayer, abriendo las ventanas para refrescar la casa, sólo pude oír coches, camiones, motos con el tubo de escape "arreglado", voces estridentes, gritos... Realmente, para deprimirse. Estamos tan acostumbrados a ese ruido de fondo que ya casi lo asumimos como algo consustancial a la vida diaria, y es un error. Algunas mañanas de domingo, a temprana hora, a través de esas mismas ventanas abiertas oigo a los pájaros cantar e, incluso, una fuente privada que sigue brotando escondida en un pequeño jardín. Se puede, incluso, oír algunas lejanas pisadas, o los ecos profundos que producen las ramas de los árboles al ser agitadas por el relente de la madrugada.


Hemos perdido el silencio, asesinado por este ritmo asesino que ha convertido a nuestras ciudades en fábricas de estrés (odioso término anglosajón que sería preciso sustituir por "angustia"), agobio y ruidos. Por eso, cuando llegan las vacaciones, o los días de asueto, buscamos el silencio cómplice, aunque muchas veces no lo sepamos ni nosotros mismos, tan profundo lo tenemos clavado en el subconsciente.

Publicado por Francisco J. Segovia-Granada-

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