Yo amé.
Yo amé los puntos cardinales de tu cuerpo,
el arco iris de tu boca
proyectada en caleidoscópica acuarela,
las espigas de tu piel
porque fueron cosecha de mis manos
y la flor abierta de tu sexo amé
cuando en los surcos del deseo
nacieron sus pétalos al crepúsculo.
Yo amé la sementera de tu vientre
fecunda de sueños y promesas,
el brocal de tu cintura cincelando
sobre el aire filigranas de lluvia,
la lluvia infinita del vacío que se agranda
donde el dolor de mi naufragio palpita.
La melodía secreta de tus labios amé,
y la liturgia de su música hecha susurro.
Pero lo que más amé de ti
fue tu voz antigua de algas y madréporas,
el tacto salobre de tus pechos,
el misterio del mar encerrado en tus palabras,
el malecón de tu carne rompeolas de todas las pasiones
Por eso definitivamente tu esencia primigenia
de agua y de salitre seguiré amando
como una bendición multiplicada.
Rafael Bueno Novoa. España
Publicado por la revista Oriflama nº 19
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Hace 2 días
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