jueves, 8 de diciembre de 2011

POEMA

Atracado en el muelle de la vida
con el aire mirando a barlovento
disfruté de la dicha del momento,
la llamé y no se dio por aludida.
La tarde comenzó su anochecida,
entonces se inició aquel tormento,
el viento se giró a sotavento
y despareció la “mal-nacida”.
El amor de mujer es como el río
que recorre el sendero de tu ser,
lo mismo con calor que con el frío
o en contra de tu propio parecer,
muchas veces discurre muy bravío
y en otras no se digna aparecer.

Ricardo Aguado. España
Publicado por la revista Oriflama nº 19

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