
Perder el Tiempo
“Perder el tiempo”. ¿Qué es perder el tiempo? ¿Ver pasar, tumbado sobre el sofá, o sobre la yerba, los minutos, las horas, sin hacer absolutamente nada? ¿Y qué es “hacer algo”? ¡Reivindiquemos el derecho a no hacer nada!, a “perder el tiempo” de una forma inmadura, infantil, adolescente, sin vernos en la obligación de practicar alguna afición como una forma de “matar” a ese tiempo omnipresente.
El tiempo no es enemigo de nadie... tampoco es amigo de cualquiera: es una dimensión más; un lugar donde estamos a cada momento, pero que va transformándose continuamente. No se pierde lo que no se tiene, y el tiempo, por inmaterial, no se puede poseer. Nadie es dueño más que del segundo en que nota latir su corazón; ni lo es del segundo anterior, que ya pasó, ni lo es del siguiente, que está por venir y nunca es seguro que llegue.
¿Es todo esto un cúmulo de contradicciones? No creo que sea así porque, realmente, cuando uno piensa que, haga lo que haga, el final será el mismo -y esto no es un alegato al nihilismo-, necesita tumbarse sobre el sofá, o sobre la yerba, los minutos, las horas, sin hacer absolutamente nada… al menos hasta que el estómago pida de comer, la boca se quede seca, o la siempre persistente conciencia -que se carga de remordimientos- despierte el deseo de hacer algo.
Publicado por Francisco J. Segovia -Granada-
No hay comentarios:
Publicar un comentario