Sobre los tejados de Nueva Orleans.
El diablo toca el violín.
Y las constelaciones danzan,
como luciérnagas borrachas.
En el cielo pintado con brochazos de noche
de Nueva Orleans.
La luna se alza como un caballo encabritado
sobre la torre del silencio.
Y las nubes dibujan sonrisas,
que muestran dientes de cocodrilo y de niño recién muerto.
En Nueva Orleans los edificios
se abren como flores de acero y piedra.
Y la ciudad muestra sus entrañas
de magia africana y música ligera.
Pálpitos de guro y jazz
resuenan dentro de un corazón con sentir negro.
Ritmo de maíz y trompetas.
Ritmos de alcohol y trompeta bajo la noche negra.
Bajo la luz de las farolas y de las estrellas noctámbulas.
Los espíritus cantan con una voz
de cobre y arena mojada.
Y los perros aúllan con la luna menguante
incrustada en su garganta
Nueva Orleans. Mística y noctámbula.
Ciudad de Raíces africanas incrustadas en el cemento.
como uñas hundidas en la carne,
Y de un vibrar de timbales resonando por las calles,
como un eco dormido entre los muros del silencio.
Nueva Orleans. Alza tu canto.
Tu canto de acero y sangre seca.
Tu canto espiritual y vivo.
que guarda en cada acorde violonchelo.
Y en cada voz ronca por el tiempo.
Un llanto dormido en lo mas profundo de tu alma
y de tu misterio.
Debora Pol.
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