Parecía tan real. De pronto todo aquello que nos separaba desapareció por completo. La distancia, clases, estado civil, edad, ¡todo! Hasta el idioma había dejado de importar.
Estábamos frente a frente y me pertenecías.
Te pude quitar la ropa y tu hiciste lo mismo con la mía. Pude deleitar mi vista con las formas de tu cuerpo y mis ojos se llenaron de tu desnudez y llenaron mi memoria con tu bella imagen.
Y no hubo pudor, porque me pertenecías.
Mis manos tocaron tu cuerpo; con cada movimiento te hicieron vibrar. Exploraron cada textura, cada temperatura, y conocieron cada rincón tuyo.
Y ellas podían hacerlo, pues me pertenecías.
Disfruté de tus caricias. Tus labios me llevaron al clímax y tu sexo terminó por agotar mis fuerzas. Fuiste mía y te tomé cuantas veces quise.
Y estaba en mi derecho porque me pertenecías.
De pronto todo terminó. Volvieron aquellas barreras a obstruir nuestro encuentro y ahí quedó. Todo se volvió un lindo sueño erótico o un bonito recuerdo. Una historia escrita por algún poeta olvidado perdida entre mil más.
Una historia donde yo era tuyo, tu eras mía... y me pertenecías.
Markuz Batiatuz -México-
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