Mujer distante y lejana
brizna de alegría en la mañana,
amapola entre trigales,
blanca entre arrabales,
flor de campanillas tintinean con sus andares.
Baño de lluvia fresca,
nube que alcanza con la mirada,
rozan el cielo sus ojos y sus pestañas;
piel de cedro, cuarteada,
cosechas de muchas vendimias en la espalda.
Aromas entremezclados con las canas,
surcos de plata en sien marcadas,
sus manos agrietadas,
la savia del esfuerzo, ya escasa,
gastada en abrazos de besos
y marcadas por trabajo en exceso.
Prosa de vino y solera,
madre por excelencia,
amante esposa, enamorada hasta las trancas,
elixir de hembra como ninguna otra.
Pelo recogido en moño,
horquillas sujetan rizos volátiles de otrora,
arrugas en la comisura de la boca,
labios desprendidos, aun tibios -en mi recuerdo-.
De su boca flores-palabras,
consejos sabios con la edad adquiridos,
olor a jabón, heno de pravia y la toja - a limpio-
como ese su corazón de lavanda y espliego.
...Y así, mi madre...
por siempre en el recuerdo , mi añoranza.
Lola Wizner -México-
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