Las medusas
mueren sin saberlo,
y cuando acaban,
demuestran
en la arena
su nobleza
vencida.84
Qué momento aquél
de pasar a su lado
y contemplarlas
pequeñas
rodeadas
por la inercia
que el lodo
y la hojarasca
acumulan
en la tarde.
No es más que un exilio
como todos los otros
con sus paseantes y sus curiosos.
Y sus indiferentes.
Y los viejos plantados frente al mar
no ven las olas.
Sino el horizonte que les roba
su lugar de morir.
Francisco Larios -Nicaragua-
Publicado en la revista Letras Salvajes 16
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