Piadosa, has renunciado
al dolor que corría por mis venas,
al frío de mis manos...
no solo eso, impávida, creaste
la renuncia a mi dolor.
Conseguiste que te amara,
pero no fue suficiente,
como copa vacía era mi amor,
como el verso sin la rima, como la flor
sin aroma...
Como panal sin la miel, como noche
sin estrellas,
como tu piel sin mi piel...
era mi amor sin el tuyo!
Hasta que tú me amaras, dijiste,
y lo lograste, piadosa
hasta emular el amor de los tiempos,
denunciando el dolor
que corría por mis venas
renunciaste a tu savia verdadera
para confundir tu sangre con la mía...
Sin esperar que te envolviera mi agonía
hiciste que en mi dermis
corrieran mis anhelos como ríos
de esperanza,
quisiste amarme y lo lograste,
y yo jamás podría renunciar a vivir
o a morir sin ti,
por los siglos de los siglos...
Ricardo Flores Joya -El Salvador-
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