Pájaros desangelados
Se curvan al verme pasar
Dibujando óvalos extraños
Atormentado por el etílico que aún me quema
Blandiendo espadas sin filo, ni aceros templados
Es tu calle, donde las piedras fueron efigies
Y ahora se levantan cual armas arrojadizas
Atravesando lunas convertidas en agujas punzantes
Mientras caigo bajo un yugo amargo
Preñado de dolor y vómitos ácidos.
Nuestras miradas, quiero pensar, se cruzaron
Unas pupilas gélidas sin reflejos
Vanidad de evanescencias en un crisol de coros
Acaso los hombres hayan perdido la cordura
O adormecido los tiempos grises
Me duele el alma, seré tan débil que mastico la hiel
Adolorido por tu desdén de regio porte
Tensa han sido los lamentos de aquel niño sucio
Aún manchadas sus manos mugrientas
Y muerde con ansias el pan ganado
Sin menosprecio de la herrumbre que lo cubre.
He vivido la calle, pisado el resbaladizo pavimento
Adueñado de la sensación de vacío sacrílego
En las luces de apariencia macilenta
Palpo aquel dios sin compunciones ni humanidad
Toco fondo, siento pavor al saberme de esta especie
Cruenta es la noche invernal, impía con los cuerpos
Tormento indigno de saber mi claudicación
Ya sólo queda sino esperar, y que todo sea un mal sueño
Donde la maraña de sus ojos sea gota loada.
Santiago Pablo Romero -Triguero-
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