Dos aceras, dos vidas frente a frente:
lienzos de luz o cal a cada lado.
Camino por andar, camino andado,
yendo y viniendo repetidamente.
Canta la calle como dulce fuente,
con el ardor y ritmo de un soldado.
Gente que pasa o gente que ha pasado,
gente que viene y va continuamente.
La calle es una larga despedida
hacia una meta donde no hay frontera.
Un lugar donde el pueblo se divierte.
La calle –en la ciudad-es una herida.
Un río que se acaba sin espera
del abrazo del mar cuando se vierte.
Del libro Antología personal de
MANUEL SENRA -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural
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